Apaga la vela. Apaga la vela. Me lo dijiste dos veces y me desperté. Fue como un zumbido. Una invitación paciente. Con un tono de "cuántas veces te lo he dicho". Con voz de confiado. Y yo siento un "todo va a estar bien, no hay mayor cosa de qué preocuparse". Me dijiste "apaga la vela" y me desperté del sueño, y entendí, como en una inmediata epifanía "no tengas miedo". Aunque no se vea nada no hay de qué asustarse. La incertidumbre es natural. Nunca se sabe qué va a pasar. Pero no hay por qué tener miedo.
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