Monday, February 15, 2016
El precio de la libertad
Qué habrá de cierto en que seguir es empezar y empezar, a su vez, es seguir? Los americanos postulan una verdad que les hace flexible su sociedad: every day is a new start, dicen. Como si siempre, realmente, el pasado pudiera quedar atrás.
A mí me parece muy afortunado que toda una cultura pueda vivir con un principio que la libere de culpas día a día, y que nadie se sienta eternamente condenado. Eso tiene que ver con el espíritu de libertad de este país, con su convicción de que todo puede transformarse, de que nada es inamovible. Con su origen, literal y figurado, protestante.
Con el pasar de los años, sin embargo, me pregunto si tal cosa es posible. Las heridas, los premios, las comodidades, los estímulos, las ausencias, los abandonos, el amor que recibimos hacen de nuestra mirada al mundo un alma que se acopla a la horma del zapato que le tocó. Su historia. Que tiene a la vez el encanto de tener su propio perfume y representa una cárcel no elegida.
Luego, el espíritu mismo del alma libre se pasa la vida luchando para sanar las heridas, escoger los caminos que le son propios, y fortalecer lo que intuye es para lo que vino a existir a este mundo.
Intuyo por tu vida que el espíritu nace y muere libre. Que nada lo frena a uno si uno no lo decide. Que el desprendimiento es una forma de vivir. Imagino tu respuesta silente. Un “te invito a que lo descubras, no soy quién para profesar verdades”.
Eras tan libre que pontificar no estaba en ti. Te amarraban tanto las reglas ajenas como dictarle tú a nadie ninguna.
Quizás por eso, aunque tú no les retuvieras, miles y miles de personas se acercaron a ti en tu vida: porque mostrarse frente a ti no significaba ninguna amenaza.
Cuando tú moriste me juré que nunca iba a dejar de vivir como tú en ese sentido. Aunque yo soy mucho más conservador y mucho menos temerario que tú, vivir la vida que nos toca es, al menos, la obligación que nos toca. Seguir tu intuición, prestarle atención a los deseos profundos y hacerlos norte, usar tus convicciones en cada momento.
Ser inflexible en ser flexible. Defender firmemente la libertad propia y la de los demás. Incluso mostrarle a los demás que su libertad está ahí para que la tomen, y, con ella, asuman sus responsabilidades y dejen de responsabilizar en su totalidad a otros del destino que les depara.
Qué curioso eras, papá. Fuiste una persona absolutamente hecha por ti misma. Te hiciste tu camino. Estudiaste sin cesar. Trabajaste sin cesar. Diste la vida por una causa. Amaste profundamente cada vez. Y nunca pediste nada a cambio. Nunca esperaste nada de los demás.
Me imagino que, por muy libertario y heroico que suene, en momentos debe haber sido muy duro. De hecho, me consta. Pocos te vimos en momentos oscuros como te vi yo. Pero la verdad sea dicha, fueron tan contados momentos que imagino que la gran mayoría de ellos los pasaste tú contigo, sin dejar notar un suspiro.
Es el precio de la liberad que tú decidiste. Con convicción. Con sus consecuencias. Viviste sin dolerle a nadie, como decía Víctor Valera Mora. Nunca preocupado por tener afuera.
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